¿Qué enfermedad mata?

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¿Qué enfermedad mata?

¿Es el coronavirus una respuesta inmune del planeta a la insolencia del ser humano que destruye infinitos seres vivos por codicia?… El orden mundial previo a la pandemia no era normal, sino letal, decía el filósofo alemán Markus Gabriel. ¿Querrá decirnos que no es esta la enfermedad que mata, sino otra anterior la que nos está destruyendo?

Acudamos a Jesucristo para encontrar respuestas a estas y otras muchas preguntas que todos nos hacemos estos días, en nuestra clausura familiar. Es necesario advertir que este Maestro universal establece un nuevo orden mundial, une a todos los pueblos del mundo en una auténtica pan-demia metafísica, capaz de superar toda guerra e insolencia humana. Con su modelo transdisciplinar vivencial podremos superar el coronavirus y cualquier otra pandemia letal previa o posterior.

Para Jesucristo todo ser humano está verdaderamente guiado y vitalizado por el Espíritu divino, que conforma constitutivamente nuestro espíritu humano, y que éste a su vez gobierna nuestra psicología, nuestro cerebro y nuestra fisiología. Esto es el ser humano para Cristo, una casa de familia divina: El Espíritu del Padre habita en ustedes, por lo que todos estamos capacitados para superar cualquier enfermedad sicofísica; no solo el Covid-19, también el pánico psíquico que nos están causando sus promotores y las desmesuradas informaciones de las redes sociales.

Sólo desde nuestra humana y sobrenatural casa de familia divina se puede entender, asumir y compartir lo que Cristo afirma: Todo aquél que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto? La vida del espíritu produce inmunidad, potencia nuestra capacidad inmunológica; la que es desordenada y egoísta lleva a la muerte para siempre.

ALGUNOS COMENTARIOS RECIBIDOS

  • Después de este claustro lo deseable es que seamos hombres y mujeres nuevos, con una nueva disposición para enfrentar los desafíos de cada día, valorando que no hay nada más enriquecedor y hermoso que la interacción con el otro, con el próximo; estar frente a frente, el mirarnos y sentirnos acompañados en las actividades diarias, compartiendo el trabajo conjunto que mueve a las instituciones y al mundo.

Hoy comprendemos que es mejor tener un “adversario” visible, porque lo conoces lo tratas, lo sabes enfrentar y concluyes que no es tu adversario sino el que te permite ser mejor ser humano, mejor hijo de Dios. El enfrentar un adversario invisible, diminuto, te desconcierta; pero también te hace concluir que lo que es imposible combatir al hombre, resulta más fácil con el poder y la protección de Dios”.

  • Está claro que el mundo está enfermo y nosotros contagiados, de alguna manera u otra. Vanalidad. La vanalidad en la educación, en las relaciones, en el trabajo, en la fe… La vanalidad es una propiedad del egoismo porque todo se mide por mis derechos y no por deberes…

Es un signo de los tiempos, y hay que verlo todo con los ojos de la humanidad que somos, humildemente, para poder volverlos hacia Dios Padre. Muy humildemente, volver a Él. Es un tiempo en el que hay que volver a aprender a rezar, a darle sentido pleno a la oración, dejar en el silencio todas las falsedades que hemos construido en nuestro ser y de las que apenas somos conscientes”.

  • Coincido en preguntarme si no estaremos en un mundo “enfermo” desde mucho antes de la explosión del coronavirus. En estos días, numerosos intelectuales han llamado la atención sobre la verdadera epidemia que nos ha llevado a la situación actual. Tiranía de los intereses económicos sobre cualquier otra consideración, extractivismo depredador de los recursos naturales, consumismo incontrolado (incluida la anestesia del consumismo mediático), individualismo personal y su correlato global, los nacionalismos que dividen y enfrentan… Esta epidemia, como podía haber sido cualquier otra, nos pone en nuestro sitio y nos enfrenta a la realidad que hemos querido eludir, o esconder, de que estamos viviendo en un mundo absurdo y disparatado -enfermo- y que tenemos que repensar nuestra visión del hombre”.

  • Esta situación en la que estamos puede sacar lo mejor y lo peor que hay en nosotros. Eso únicamente depende de en quién tengamos fe y qué tan capaces seamos de confiar en Dios en medio de la oscuridad en la que está viviendo el mundo. Solo confiando en Él podremos salir de todo esto sin desesperarnos”.

  • Cuando Dios dice: ¿Por qué me llaman Señor, Señor y no hacen  lo que yo les digo? nos advierte de lo equivocados que  andamos en nuestros «propios» caminos. Somos religiosos pero no hacedores de la palabra. Hemos reemplazado al único Dios por otros amores peligrosos (amor a mi mismo, al dinero, amor a la alabanza de los hombres, a la oscuridad, etc.) desviándonos de esa manera del Fundamento Divino. Somos desobedientes y, como tales, expuestos a sufrir permanentemente las consecuencias de nuestras rebeldías”.

  • Yo creo que la crisis que  estamos viviendo es una respuesta del mundo al abuso del ser humano hacia  su entorno. Dios nos dio algo muy importante que es la libertad de escoger, de vivir, de soñar, etc. Lamentablemente nosotros desoímos la verdadera razón que nos dio Dios de la libertad que es ser libres y a la vez responsables. Esa libertad debe estar traducida en brindar amor al otro y a mi entorno, es decir, entender que mis actos deben ser libres pero con la responsabilidad que éstos conllevan;  estos actos deben estar llenos de amor al otro, a la madre tierra, a los demás seres vivos y no con amor al dinero, poder, egoísmo ni codicia”.

  • El ser humano no solo debe creer en lo que piensa, debe dudar de sí mismo y poner confianza en la S. Trinidad. Estar unido con Dios-Padre es dejarse inspirar siempre… Todo ser humano está verdaderamente guiado y vitalizado por el Espíritu divino”.

Redactado por: Dr. Jesús Muñoz Diez M.Id.

By | 2020-04-01T20:08:37+00:00 abril 1st, 2020|PUCE-SI, Sin categoría|Comentarios desactivados en ¿Qué enfermedad mata?
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